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miércoles, 13 de julio de 2016

La casa Micolta I (la fachada)

La denominada casa Micolta es una casa palacio del siglo XVIII que junto con otras, más o menos monumentales, jalonaban el antiguo Camino Real a su paso por la Isla de León en dirección a la ciudad de Cádiz -o hacia al Puente Zuazo, según se mire-. Después de tener diferentes usos durante sus más de dos siglos de existencia –se dice en La Isla que fue la sede de la primera Capitanía General de la Zona Marítima del Estrecho-, el edificio fue adquirido por el municipio que, una vez rehabilitado, lo ha destinado a viviendas en alquiler. Creo que no está de más decir que, a veces, una de las soluciones para la conservación del paisaje urbano de los casos antiguos de ciudades como El Puerto de Santa María, Jerez de la Frontera o Cádiz, es la remodelación de esas enormes casas palaciegas, imposibles de mantener por particulares, para que conserven su habitabilidad. Digo “a veces” porque no siempre es posible hacer particiones en estos palacetes sin destruirlos totalmente. Así, por ejemplo, mientras que en la casa Micolta ha sido adecuada esa reforma manteniendo el patio y la escalera noble, no lo sería en la casa Lazaga sin que el palacio perdiera todas sus características arquitectónicas interiores. La casa Lazaga debe ser conservada integra, y darle, por ejemplo, un uso museístico. He visto en muchas ciudades europeas como antiguas casas han sido convertidas en museos etnográficos donde se recrean ambientes de otras épocas usando mobiliario, cuadros, cerámica y utensilios antiguos de mayor o menor valor. De esta manera se conservan edificios y se crean museos contextualizados con colecciones que pueden ir creciendo poco a poco mediante compras y donaciones, y que se exponen en un ambiente acorde con la naturaleza del edificio: fortaleza, palacete, casa de campo, etc. Por tanto, lo que hace falta es imaginación, profesionalidad y una política de conservación adecuada para que ciudades como Cádiz, Jerez de la Frontera, San Fernando, El Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda, etc. conserven sus peculiares y bellas panorámicas urbanas forjadas durante siglos, y no se terminen pareciendo a cualquier barriada de cualquier ciudad impersonal de las muchas que hay repartidas por el mundo. (Recomiendo pasear por estas ciudades y comprobar la ingente cantidad de casas palacios que se están hundiendo sin remedio; en este sentido, parece que, al menos externamente, en la ciudad de Cádiz es donde hay una mejor conservación de su espléndido caserío). Dicho esto, vamos a ver que podemos decir de la casa Micolta que, por ahora, ha sido salvada para que los “cañaillas” del futuro puedan contemplarla. 
La fachada de este antiguo palacete constituye un gran rectángulo (ver las fotografías superiores) donde los diferentes elementos están ordenados mediante una rigurosa cuadrícula neoclásica de cierta complejidad ornamental. Aunque el clasicismo es el estilo predominante, el barroco hace su aparición en las almenas y en ciertos detalles constituidos fundamentalmente por moderados ribetes curvilíneos de carácter decorativo, principalmente, en el pretil almenado y en los alrededores del blasón que preside la puerta de entrada. 
Las líneas verticales de la cuadricula están determinadas por seis pilastras y las dos líneas que trazan los bordes laterales del edificio. Cada una de ellas parte desde el suelo hasta culminar en una almena. Así pues, la casa posee ocho almenas: seis sobre las pilastras y dos más que sirven para rematar los bordes verticales de la fachada. Como puede verse en las fotografías, cada pilastra posee tres capiteles coincidiendo con las tres plantas que el edificio posee. En las dos primeras, los capiteles son del estilo dórico toscano (ver primera de las fotografías inferiores), mientras que los superiores pertenecen al orden corintio (segunda de las fotografías inferiores). 
La gran cuadrícula que estructura la fachada posee un conjunto de líneas horizontales que dan forma a distintos tipos de cornisas y frisos. Así, podemos contemplar tres cornisas (líneas azules de la fotografía superior) que ganan en anchura y complejidad a medida que nos elevamos desde el suelo, siendo verdaderamente soberbia la última, que está en consonancia con el gran pretil almenado que aparece sobre ella (ver fotografías superiores). Las franjas horizontales debajo de las cornisas y justamente encima de los capiteles se encuentran divididas en dos por una moldura, simulando así lo que sería el arquitrabe y el friso (ver la primera de las figuras inferiores) de un templo cásico. En el caso de la segunda planta, la anchura del arquitrabe se reduce a la mínima expresión para resaltar un hermoso friso dórico (ver detalle en la tercera de la fotografías inferiores) que atraviesa el edificio de parte a parte dividiendo en dos el rectángulo de la fachada (franja resaltada en color verde en la fotografía superior). 
Este complejo trazado de líneas perpendiculares, que pueden verse con detalle examinado las fotografías expuestas, tiene como resultado la división del plano de la fachada en veintiocho lienzos de diferentes tamaños, situados todos ellos siguiendo patrones simétricos. Seis, totalmente lisos, se hallan en los bordes izquierdo y derecho de la fachada; siete, también lisos, constituyen los cuerpos existentes entre dos almenas consecutivas, conformando el pretil del edificio. Los quince restantes están ocupados por los vanos del inmueble. Así, en el piso bajo encontramos cuatro cierros cerrados y la puerta blasonada del palacete, mientras que en cada una de las plantas superiores hay un gran cierro abierto en la parte central y dos largos balcones con dos puertas en cada uno de ellos (ver fotografías). Como puede verse, todos los elementos están colocados de forma que se conserva la simetría hasta en el último detalle. 
Por último nos referiremos a los elementos barrocos de la casa. Estos están concentrado en el lienzo que contiene la puerta de entrada y en la parte superior almenada. Como puede observarse en la primera de las fotografías inferiores, en el primer caso, la decoración barroca se despliega alrededor del escudo que corona la puerta de entrada. Consiste en una orla de trazado curvilíneo de cierta complejidad y en tres molduras donde predominan las líneas curvas. Todo ello crea un pequeño espacio barroco que, obviamente, tiene como objetivo resaltar el blasón de algún antiguo dueño de la casa. Las líneas curvas vuelven a manifestarse en la parte superior de la fachada: en el pretil almenado y en las propias almenas que son claramente barrocas. A estas dedicaremos la siguiente entrada.



La casa Micolta II (las almenas)



La casa Micolta posee ocho almenas. En la primera de las fotografías superiores puede observarse que seis de ellas están en la vertical de las correspondientes pilastras que adornan la fachada del edificio. Sin embargo, al no haber pilastras en los bordes del rectángulo de la fachada, el diseñador de la misma añadió dos más para que el lienzo estuviera debidamente rematado por un conjunto de almenas que abarcara todo el ancho de la casa. Esta peculiaridad hace que las dos almenas de los extremos estén situadas a menor distancia de sus dos vecinas inmediatas (ver fotografías). En mi opinión, esta característica, que rompe con las equidistancias propias del clasicismo dominante, infiere un dinamismo barroco a la franja superior del edificio. Característica que se encuentra resaltada mediante el uso de molduras de trazado curvilíneo que adornan el pretil a ambos lados de las almenas.
Los pilares son ligeramente más alto que el pretil. Sin embargo, en las proximidades de las almenas, éste se hace más alto hasta llegar justamente al pie de gran adorno que las ornamenta (ver fotografías). De esta forma los pilares quedan totalmente embutidos en el pretil de dos alturas que la casa posee. Observando el diseño de la parte superior de las almenas –el adorno (segunda imagen superior)-, es evidente que nos hallamos ante un modelo único. Por tanto, a diferencia de otros tipos, no es posible encontrar en San Fernando otras que se le asemejen. Cada una de ellas culmina con un gran pináculo, a modo de trofeo, compuesto por una cantidad considerable de cuerpos geométricos superpuestos (ver dibujo en la segunda imagen); todos ellos de sección cuadrangular El estilo barroco se manifiesta en casi todos sus elementos, observándose un amplio despliegue de alternancia en líneas rectas y curvas. A continuación se expone una galería de fotografías tomadas en diferentes días y con distintas coloraciones del cielo.

jueves, 2 de junio de 2016

Edificio de estilo mixto en la calle Calatrava I


Hace casi tres años, publicamos en este blog “Almenas de San Fernando” una serie de entradas dedicadas a mostrar las características de un conjunto de edificios de un estilo distinto al de las típicas casas almenadas de la arquitectura popular del casco antiguo de San Fernando. Una de sus peculiaridades es la de carecer de almenas. Decíamos entonces, que era obligado hablar de “casas sin almenas” en un “blog de almenas” porque existían ejemplos de “edificios cuyas fachadas fueron construidas siguiendo un estilo híbrido entre ambos”, ya que, a pesar de poseer los elementos propios de los edificios sin almenas (ver las entradas precedentes), sí las tenían. Por tanto, creo que ya es hora de abordar este tema.
Aunque en aquella ocasión empleamos el término “híbrido” para denominar el estilo de estas casas, ahora me parece más correcto denominarlo “estilo mixto”, ya que en muchos de los ejemplares existentes casi todos sus elementos fundamentales -arcos en los vanos, cartelas en los pretiles, esquinas redondeadas, etc.- tienen características parecidas a los “edificios sin almenas”, siendo la diferencia más notable, pero no la única, la existencia en sus fachadas de pretiles almenados.
Entramos, pues, en materia mostrando el singular edificio situado haciendo esquina entre las calles Calatrava y Lanza (figura superior). Enseguida puede apreciarse que muestra bastantes elementos típicos de las “casas sin almenas”, pero que ambas fachadas están coronadas por almenas con cartelas, tipo que ya nos es conocido. En las fotografías situadas en la parte inferior se muestran los elementos más singulares situados en los lienzos de las dos fachadas. Así, aparecen vanos con arcos rebajados en ventanas y balcones; una falsa ventana en el piso bajo y un falso balcón en el alto; la esquina redondeada entre las calles Calatrava y Lanza; e incluso en las cubiertas de los cierros del piso alto aparece la curvatura típica del arco rebajado para armonizarlos con los contornos de los vanos que los rodean. Recordemos que este último detalle también aparecía en otros edificios sin almenas (como referencia, ver los cierros de la última de las fotografías que corresponde al edificio sin almenas del hotel Roma). El uso del color ocre -tan típico en algunas casas antiguas de San Fernando, sobre todo en las de la huertas- junto al blanco hacen resaltar todos los elementos característicos de tan bello edificio.

Edificio de estilo mixto en la calle Calatrava II (las almenas)

Como puede apreciarse en las fotografías superiores, la casa de la que nos estamos ocupando posee cierta sofisticación en cuanto a su característica de edificio almenado. Así, por un lado, encontramos ocho almenas distribuidas uniformemente sobre los pretiles de las dos fachadas, pero, además, el inmueble posee un cuerpo interior con almenas de un estilo distinto (ver tercera de las fotografía superiores), que imprime verticalidad a la construcción en uno de los extremos de la fachada de la calle Calatrava. Las novedades en el diseño no acaban aquí, ya que el edificio está adornado con una singular almena esquinera, proyectada para adaptarse a la forma redondeada de la esquina (ver fotografías superiores).
La tipología predominante ya nos es conocida –a modo de comparación puede verse la segunda de las fotografías inferiores-, y corresponde a la que hemos denominado “almenas con cartelas”: los pilares no son lisos sino que están adornados con cartelas de contornos curvilíneos. Como se observa en la fotografía citada, se sigue la costumbre del uso de dos colores diferentes para resaltar la existencia de las cartelas. En el caso que nos ocupa, los pilares de las almenas son de pequeña talla, pero poseen cornisas formadas por anchas molduras. En todos los casos las almenas culminan con adornos constituidos por copas. El modelo que aquí aparece es muy abundante en La Isla y, probablemente, también de los más antiguos, ya que encontramos copas similares en el edificio que fue sede del Estado Mayor Inglés de 1810 (véase la entrada del 22 de agosto de 2011). Las almenas del cuerpo interior son diferentes, y están constituidas por altos pilares de caras lisas, con cornisas de leve trazado horizontal. Culminan con copas idénticas a las almenas de las fachadas. Respecto al conjunto que constituye la almena esquinera, y dada su novedad, le dedicamos la siguiente entrada.

Edificio de estilo mixto en la calle Calatrava III (la almena esquinera)

Quizás, uno de los aspectos que más me llama la atención en este tipo de edificios de estilo mixto es como se resuelve el problema de dotar de almena a una esquina redondeada. En los casos en que las esquinas están formadas por ángulos más o menos rectos, encontramos abundantes ejemplos donde los antiguos constructores se esforzaron por adornarlas con bellas y esbeltas almenas (esquineras) (ver fotografía inferior). En el caso de las esquinas redondeadas, las personas que diseñaron estos edificios se percataron de que para que el conjunto conservara su estética era obligatorio poner una almena en la esquina. Sin embargo, la geometría imponía una solución deferente a la de los casos de esquinas angulares. Así, como se observa en la fotografía superior, optaron por unir dos almenas por una pieza curva, obteniendo un elemento único que, conservando la uniformidad estética, formara una ancha almena que culminara la esquina curva y la adornara en su parte superior. 
Parece que esta solución se debió generalizar en los edificios con estas características, ya que hemos encontrados dos almenas similares en esquinas de las calles Santo Domingo con Mariana Pineda y Murillo con San Esteban, respectivamente (ver las dos últimas fotografías situadas en la parte inferior).

lunes, 26 de agosto de 2013

Edificios sin almenas I




El casco antiguo de San Fernando se conservó intacto hasta los años sesenta del siglo XX. La mayoría de las casas tenían fachadas con características similares, una de las cuales era la existencia de almenas con una variada tipología. El número de éstas era tan elevado, que un conjunto considerable de las mismas aún se conserva, como queda patente en este blog. Sin embargo, no todas las casas antiguas de San Fernando fueron diseñadas siguiendo un estilo que comportara culminar las fachadas con pretiles almenados, y constituye un hecho notable la existencia de un conjunto de edificios de un estilo distinto, una de cuyas sus señas de identidad, pero no la única, es la de carecer de almenas. La cantidad de ellos era considerablemente menor que la de las abundantes casas con almenas construidas en estilo barroco o, a veces, siguiendo patrones neoclásicos y, al igual que los demás, su número disminuyó en el proceso destructivo que tuvo lugar en el último tercio del siglo pasado. (Es conocido que durante este período se construyeron bloques a diestro y siniestro por todas las calles de La Isla, y todo ello sin un criterio de respeto a las alturas, ni a las proporciones, ni a las características estéticas del entorno; incluso a alguna “mente lúcida” se le ocurrió someter a retranqueo a algunas de las calles más bellas y emblemáticas de ciudad – en fin, todo un desastre -). No obstante, todavía se conservan ejemplares que permiten documentar la presencia de dos estilos diferenciados en la arquitectura urbana tradicional de San Fernando. Y, además, un hecho tan notabilísimo cual es la subsistencia de algunos edificios cuyas fachadas fueron construidas siguiendo un estilo híbrido entre ambos, que sí poseen almenas. Es precisamente por esto último, por lo que en este “blog de almenas” dedicaremos una serie de entradas a mostrar las características peculiares de edificios que carecen de ellas.
En lo que sigue se presentará una visión panorámica de algunos ejemplos de estos “edificios sin almenas” que todavía se conservan. i) El primero elegido es el que se denominará “Hotel Roma”, dado que este establecimiento ocupa casi la totalidad del inmueble. Está situado haciendo esquina entre las calles Real y Cervantes (primera de las fotografía superiores). El inmueble adyacente, el ya clásico “Bar Reverte”, es del mismo estilo –salvo el añadido “moderno” de la segunda planta-, completando así la segunda esquina de la manzana de casas entre las calles Real y General Serrano (segunda fotografía superior). ii) El siguiente ejemplo está situado haciendo esquina entre las calles Real y Pizarro (tercera fotografía superior). Esta gran casa, muy interesante en cuanto a la distribución de los espacios –en algunas zonas tiene una planta y en otras tres-, fue residencia de una marquesa – ¿la marquesa viuda de Villasegura? - durante una parte del siglo XX. De ahí la denominación que se le ha dado: “Casa de la Marquesa.” iii) El tercer ejemplo (primera fotografía inferior) es un gran edificio con fachadas a las calles Gravina, San Rafael y Colón. La parte superior eran viviendas de proporciones casi palaciegas y la planta baja establecimientos comerciales entre los que destaca la centenaria “Farmacia Matute”, cuyo nombre se ha utilizado para designar el edificio. iv) Para finalizar, se muestran sendos inmuebles de una planta (segunda y tercera fotografías inferiores) dedicados a tiendas y almacenes, que se encuentran situados principalmente en la calle “Antonio López”, aunque cada uno de ellos tiene fachadas a tres calles.
Las siguientes tres entradas se dedicarán a mostrar imágenes de las características principales que conforman el estilo de estos edificios. A saber, a) pretiles sin almenas, b) esquinas redondeadas y c) deferentes tipos de arcos utilizados en sus puertas y ventanas. Finalmente, una quinta entrada se utilizará para mostrar una pequeña galería fotográfica de edificios sin almenas.



Edificios sin almenas II (los pretiles)





La mayoría de los pretiles de los edificios sin almenas tienen largas cartelas horizontales separadas por pilastras (ver fotografías). El hecho de que sean pilastras y no pilares y, además, que carezcan de un cuerpo superior que constituya un adorno –copa u otro objeto- es lo que precisamente confiere al edificio la característica de no poseer almenas (1). Como se muestra en los ejemplos estudiados, las pilastras pueden ser lisas o llevar un motivo decorativo más o menos elaborado (ver fotografías superiores). Mención aparte merece la decoración de los trozos de pretiles curvos de las esquinas que pueden variar desde una elaborada decoración en relieve hasta ser completamente lisos (ver fotografías inferiores).
En la última de las fotografías inferiores se da cuenta de un hecho algo insólito según el cual hay una única almena en la “Casa de la Marquesa”, que se halla medio embutida en un muro. En principio, esa almena no debía estar ahí, pero su existencia permite elucubrar sobre si originalmente el edificio tenía almenas –entonces, sería del estilo híbrido al que no hemos referido en la primera entrada de esta serie -, o bien, estas se proyectaron en un primer diseño y sólo una se llego a construir. De cualquiera de las maneras, el edificio en su forma actual tiene todas las características de una casa sin almenas, constituyendo un hecho extraño y singular la existencia de esa almena “solitaria”.

(1) Sería motivo de debate el tema de si los pilares, aun poseyendo un adorno (generalmente en forma de copa), deben superar la altura del pretil para ser considerados almenas. En este blog, desde el comienzo, se ha considerado “almena” a un pilar con adorno, independientemente de que su altura sobrepasara o no la del pretil. (Ver, por ejemplo, la entrada de 23 de septiembre de 2010 dedicada al edificio de “La Salle”, al que volveremos en su momento).




Edificios sin almenas III (las esquinas)


Los ejemplos más señeros de los edificios “sin almenas” están situados casi siempre haciendo esquina. A veces, ocupan una superficie considerable y tienen fachadas a tres calles. Esta abundancia relativa de esquinas hace que inmediatamente resalte otra de las características más peculiares de estos inmuebles: el trazado redondeado de las mismas que, como queda claramente de manifiesto en la primera fotografía superior, contrasta con los ángulos rectos y las almenas esquineras de los abundantes edificios barrocos. (¿Hasta cuándo los dichosos “cablecitos negros” que afean todas las calles de “La Isla”, Sr. Alcalde?).
Generalmente las esquinas tienen una gran curvatura, pero en contadas ocasiones ésta se suaviza generando un lienzo de fachada curvo lo suficientemente grande como para albergar una puerta o balcón (segunda y tercera fotografías superiores). Mayoritariamente encontramos cortos tramos de fachadas curvas, a veces ornamentados con trazados geométricos (primera fotografía inferior) u otros tipos de relieves más elaborados (segunda fotografía inferior); o simplemente la fachada se curva en un lienzo liso carente de decoración (tercera fotografía inferior). Como no se posee un número representativo de esquinas curvas es difícil establecer cualquier clase de pautas en el diseño de las mismas (1).

(1) Recuerdo de mi infancia –nací en la calle Mariana Pineda- la existencia de un edificio del estilo que estamos tratando, con esquinas curvas incluidas, en el barrio de la Pastora. Tenía fachadas a las calles “Santo Domingo”, “Daniel González” y “Maldonado”. Cuando el inmueble fue demolido y en su lugar se construyeron casas con un estilo más parecido al barroco dominante, se conservó la estructura redondeada en las dos esquinas de la manzana de casa, hecho que constituye una singularidad en el barrio. (Ver última fotografía inferior).