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jueves, 8 de diciembre de 2016

Almena singular en una gran casa de la calle Real


En la entrada anterior se mostraron un conjunto de robustas almenas (desplegadas) decoradas con listones y grecas de color rojo. A juzgar por sus características, proponíamos la hipótesis de que debían ser las más antiguas de San Fernando. Ahora vamos a dedicar una serie de entradas a situarlas en los edificios que las albergan, mostrando sus fachadas y el resto de almenas con las que están adornados. Siguiendo el orden con que fueron expuestas en esa entrada preliminar, comenzaremos con la almena singular que volvemos a mostrar en la primera de las fotografías de esta entrada.
Esta almena está situada en una casona de tres plantas que ha sido restaurada-reconstruida conservando todos los elementos de la fachada y el singular torreón que corona la parte superior izquierda del edificio (ver las fotografías siguientes)



Como se aprecia en las dos fotografías que se expone a continuación el edificio tiene bastantes elementos singulares que no se encuentran en ningún otro de la ciudad. A saber, la gran almena en la parte central del pretil de la azotea; los dos enormes contrafuertes, de elaborado perfil barroco, situados sobre el pretil del edificio; el torreón con cuatro almenas en las esquinas y, finalmente, una profusión decorativa a base de franjas, listones, y grecas de elaborado diseño.



El edificio tiene tres plantas –además de la azotea y el torreón-, que se manifiestan en la fachada mediante tres lienzos horizontales separados por cornisas de distintas anchuras. Los elementos que aparecen en cada uno de ellos son diferentes, tanto en el tamaño como en la decoración. Así, la planta baja, que muestra la piedra ostionera de la construcción original, cuenta con dos grandes cierros y un enorme pórtico adornado por una austera chambrana de líneas sencillas que enmarca la entrada del edificio.
Las dos plantas superiores son completamente distintas. La primera de ellas cuenta con tres balcones provistos de grandes vanos rematados por arcos rebajados y ribeteados con molduras de moderada elaboración (ver fotografías); la segunda, más estrecha, tiene tres balcones más pequeños que originariamente tendrían amplios vanos con arcos rebajado, pero que posteriormente han sido reducidos para adaptarlos a la funcionalidad de las viviendas actuales. Se mantienen, sin embargo, las anchas molduras que conservan la forma de dicho arco y que destacan al estar pintadas de un color diferente al blanco predominante en la fachada del edificio.



Como adelantamos al principio, por encima del lienzo horizontal de la última planta habitable todo son novedades respecto a los elementos que se observan en otras casas de la arquitectura tradicional de San Fernando. Se comienza con una franja delimitada por dos cornisas donde aparece una magnífica greca de color rojo. Arriba, coronando la fachada, se sitúan de forma armónica el conjunto de elementos singulares que ya hemos citado. A saber, la gran almena en el centro, dos robustos contrafuertes de contornos barrocos a los lados y, en la parte izquierda, el torreón con su elaborada decoración y sus cuatro almenas en las esquinas. La almena central parece un medallón en la que no existe un pilar que sirva de columna vertebral a la estructura; es más, la parte central está horadada por un hueco pentagonal de lados curvilíneos (ver fotografía), con lo que se subraya la inexistencia de un pilar central. Así pues, en este caso, la almena carece de los distintos elementos diferenciados que se observan en las muchas que existen en la ciudad. Hay que se exceptuar la pirámide con la culmina en su parte más elevada, que sí es abundante, pero que en este caso pasa casi desapercibida ante la exuberancia decorativa de la almena. El complejo diseño barroco, que se puede examinar detenidamente en la primera de las fotografías expuestas, se ve resaltado con las franjas de color rojo características del edificio.
Las cuatro almenas de las esquinas de la azotea del torreón son de pequeñas dimensiones si se comparan con los demás elementos decorativos del edificio. Como puede apreciarse en la figura lateral, están constituidas por delgados pilares que culminan con cuerpos geométricos formados esencialmente por dos figuras piramidales superpuestas. Probablemente, las originales eran diferentes y desparecieron cuando el edificio se reconstruyó. De cualquiera de las maneras, el diseño actual no desentona ni con el torreón ni con el edificio. Ojala todas las rehabilitaciones se realizaran con el esmero que se ha utilizado para conservar el aspecto de esta antigua casona de La Isla.


lunes, 29 de agosto de 2016

Antiguas almenas barrocas decoradas con color rojo ocre (preliminares)



Existen en San Fernando un pequeño conjunto de antiguos caserones que poseen unas almenas muy peculiares. Probablemente sean las más antiguas de la ciudad, y en ellas se podrían señalar tres características principales. A saber, i) la robustez en su construcción, ii) un elaborado diseño barroco y iii) una vistosa decoración a base de grecas, cenefas y listones en una tonalidad del color rojo ocre. Estos dibujos han llegado hasta nosotros gracias a que algunas fachadas han sido cuidadosamente restauradas, incluyendo el repintado de las figuras originales que, en la mayoría de los casos y dada su antigüedad, estaban a punto de desaparecer. Dada la incultura de la mayoría de los políticos encargados de proteger nuestro patrimonio a través de los tiempos, es más que probable que ejemplares de este tipo de almenas hayan sido destruidos cuando los edificios que las albergaban fueron demolidos para construir en su lugar bloques de pisos con fisonomías parecidas a otros, que lo mismo podrían hallarse en Helsinki, Oklahoma City o Tananarivo, por poner tres ejemplos de ciudades distantes que nada tienen que ver con nosotros. 
En esta entrada nos proponemos únicamente mostrar algunas de estas preciosas almenas que han sobrevividos al paso del tiempo, dejando para más adelante una descripción detallada tanto de ellas mismas como de las fachadas de los peculiares caserones donde están ubicadas. Decir únicamente, que a pesar de los intrincado de su diseño, los pilares de casi todas las almenas expuestas –todas son “almenas desplegadas”, según la clasificación que ideamos y publicamos en su momento- siguen el esquema que denominamos G02REC (ver la última fotografía). Es decir, pilares de sección cuadrangular con una estrecha cornisa en su parte media alta y otra más ancha, con varias molduras, en el extremo superior. Hay que señalar que la peculiar almena mostrada en la primera de las fotografías tiene forma de medallón, careciendo del armazón que, a modo de “columna vertebral”, constituye el pilar de la almena; es quizás la única de estas características existente en San Fernando.

miércoles, 13 de julio de 2016

La casa Micolta I (la fachada)

La denominada casa Micolta es una casa palacio del siglo XVIII que junto con otras, más o menos monumentales, jalonaban el antiguo Camino Real a su paso por la Isla de León en dirección a la ciudad de Cádiz -o hacia al Puente Zuazo, según se mire-. Después de tener diferentes usos durante sus más de dos siglos de existencia –se dice en La Isla que fue la sede de la primera Capitanía General de la Zona Marítima del Estrecho-, el edificio fue adquirido por el municipio que, una vez rehabilitado, lo ha destinado a viviendas en alquiler. Creo que no está de más decir que, a veces, una de las soluciones para la conservación del paisaje urbano de los casos antiguos de ciudades como El Puerto de Santa María, Jerez de la Frontera o Cádiz, es la remodelación de esas enormes casas palaciegas, imposibles de mantener por particulares, para que conserven su habitabilidad. Digo “a veces” porque no siempre es posible hacer particiones en estos palacetes sin destruirlos totalmente. Así, por ejemplo, mientras que en la casa Micolta ha sido adecuada esa reforma manteniendo el patio y la escalera noble, no lo sería en la casa Lazaga sin que el palacio perdiera todas sus características arquitectónicas interiores. La casa Lazaga debe ser conservada integra, y darle, por ejemplo, un uso museístico. He visto en muchas ciudades europeas como antiguas casas han sido convertidas en museos etnográficos donde se recrean ambientes de otras épocas usando mobiliario, cuadros, cerámica y utensilios antiguos de mayor o menor valor. De esta manera se conservan edificios y se crean museos contextualizados con colecciones que pueden ir creciendo poco a poco mediante compras y donaciones, y que se exponen en un ambiente acorde con la naturaleza del edificio: fortaleza, palacete, casa de campo, etc. Por tanto, lo que hace falta es imaginación, profesionalidad y una política de conservación adecuada para que ciudades como Cádiz, Jerez de la Frontera, San Fernando, El Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda, etc. conserven sus peculiares y bellas panorámicas urbanas forjadas durante siglos, y no se terminen pareciendo a cualquier barriada de cualquier ciudad impersonal de las muchas que hay repartidas por el mundo. (Recomiendo pasear por estas ciudades y comprobar la ingente cantidad de casas palacios que se están hundiendo sin remedio; en este sentido, parece que, al menos externamente, en la ciudad de Cádiz es donde hay una mejor conservación de su espléndido caserío). Dicho esto, vamos a ver que podemos decir de la casa Micolta que, por ahora, ha sido salvada para que los “cañaillas” del futuro puedan contemplarla. 
La fachada de este antiguo palacete constituye un gran rectángulo (ver las fotografías superiores) donde los diferentes elementos están ordenados mediante una rigurosa cuadrícula neoclásica de cierta complejidad ornamental. Aunque el clasicismo es el estilo predominante, el barroco hace su aparición en las almenas y en ciertos detalles constituidos fundamentalmente por moderados ribetes curvilíneos de carácter decorativo, principalmente, en el pretil almenado y en los alrededores del blasón que preside la puerta de entrada. 
Las líneas verticales de la cuadricula están determinadas por seis pilastras y las dos líneas que trazan los bordes laterales del edificio. Cada una de ellas parte desde el suelo hasta culminar en una almena. Así pues, la casa posee ocho almenas: seis sobre las pilastras y dos más que sirven para rematar los bordes verticales de la fachada. Como puede verse en las fotografías, cada pilastra posee tres capiteles coincidiendo con las tres plantas que el edificio posee. En las dos primeras, los capiteles son del estilo dórico toscano (ver primera de las fotografías inferiores), mientras que los superiores pertenecen al orden corintio (segunda de las fotografías inferiores). 
La gran cuadrícula que estructura la fachada posee un conjunto de líneas horizontales que dan forma a distintos tipos de cornisas y frisos. Así, podemos contemplar tres cornisas (líneas azules de la fotografía superior) que ganan en anchura y complejidad a medida que nos elevamos desde el suelo, siendo verdaderamente soberbia la última, que está en consonancia con el gran pretil almenado que aparece sobre ella (ver fotografías superiores). Las franjas horizontales debajo de las cornisas y justamente encima de los capiteles se encuentran divididas en dos por una moldura, simulando así lo que sería el arquitrabe y el friso (ver la primera de las figuras inferiores) de un templo cásico. En el caso de la segunda planta, la anchura del arquitrabe se reduce a la mínima expresión para resaltar un hermoso friso dórico (ver detalle en la tercera de la fotografías inferiores) que atraviesa el edificio de parte a parte dividiendo en dos el rectángulo de la fachada (franja resaltada en color verde en la fotografía superior). 
Este complejo trazado de líneas perpendiculares, que pueden verse con detalle examinado las fotografías expuestas, tiene como resultado la división del plano de la fachada en veintiocho lienzos de diferentes tamaños, situados todos ellos siguiendo patrones simétricos. Seis, totalmente lisos, se hallan en los bordes izquierdo y derecho de la fachada; siete, también lisos, constituyen los cuerpos existentes entre dos almenas consecutivas, conformando el pretil del edificio. Los quince restantes están ocupados por los vanos del inmueble. Así, en el piso bajo encontramos cuatro cierros cerrados y la puerta blasonada del palacete, mientras que en cada una de las plantas superiores hay un gran cierro abierto en la parte central y dos largos balcones con dos puertas en cada uno de ellos (ver fotografías). Como puede verse, todos los elementos están colocados de forma que se conserva la simetría hasta en el último detalle. 
Por último nos referiremos a los elementos barrocos de la casa. Estos están concentrado en el lienzo que contiene la puerta de entrada y en la parte superior almenada. Como puede observarse en la primera de las fotografías inferiores, en el primer caso, la decoración barroca se despliega alrededor del escudo que corona la puerta de entrada. Consiste en una orla de trazado curvilíneo de cierta complejidad y en tres molduras donde predominan las líneas curvas. Todo ello crea un pequeño espacio barroco que, obviamente, tiene como objetivo resaltar el blasón de algún antiguo dueño de la casa. Las líneas curvas vuelven a manifestarse en la parte superior de la fachada: en el pretil almenado y en las propias almenas que son claramente barrocas. A estas dedicaremos la siguiente entrada.



La casa Micolta II (las almenas)



La casa Micolta posee ocho almenas. En la primera de las fotografías superiores puede observarse que seis de ellas están en la vertical de las correspondientes pilastras que adornan la fachada del edificio. Sin embargo, al no haber pilastras en los bordes del rectángulo de la fachada, el diseñador de la misma añadió dos más para que el lienzo estuviera debidamente rematado por un conjunto de almenas que abarcara todo el ancho de la casa. Esta peculiaridad hace que las dos almenas de los extremos estén situadas a menor distancia de sus dos vecinas inmediatas (ver fotografías). En mi opinión, esta característica, que rompe con las equidistancias propias del clasicismo dominante, infiere un dinamismo barroco a la franja superior del edificio. Característica que se encuentra resaltada mediante el uso de molduras de trazado curvilíneo que adornan el pretil a ambos lados de las almenas.
Los pilares son ligeramente más alto que el pretil. Sin embargo, en las proximidades de las almenas, éste se hace más alto hasta llegar justamente al pie de gran adorno que las ornamenta (ver fotografías). De esta forma los pilares quedan totalmente embutidos en el pretil de dos alturas que la casa posee. Observando el diseño de la parte superior de las almenas –el adorno (segunda imagen superior)-, es evidente que nos hallamos ante un modelo único. Por tanto, a diferencia de otros tipos, no es posible encontrar en San Fernando otras que se le asemejen. Cada una de ellas culmina con un gran pináculo, a modo de trofeo, compuesto por una cantidad considerable de cuerpos geométricos superpuestos (ver dibujo en la segunda imagen); todos ellos de sección cuadrangular El estilo barroco se manifiesta en casi todos sus elementos, observándose un amplio despliegue de alternancia en líneas rectas y curvas. A continuación se expone una galería de fotografías tomadas en diferentes días y con distintas coloraciones del cielo.

jueves, 2 de junio de 2016

Edificio de estilo mixto en la calle Calatrava I


Hace casi tres años, publicamos en este blog “Almenas de San Fernando” una serie de entradas dedicadas a mostrar las características de un conjunto de edificios de un estilo distinto al de las típicas casas almenadas de la arquitectura popular del casco antiguo de San Fernando. Una de sus peculiaridades es la de carecer de almenas. Decíamos entonces, que era obligado hablar de “casas sin almenas” en un “blog de almenas” porque existían ejemplos de “edificios cuyas fachadas fueron construidas siguiendo un estilo híbrido entre ambos”, ya que, a pesar de poseer los elementos propios de los edificios sin almenas (ver las entradas precedentes), sí las tenían. Por tanto, creo que ya es hora de abordar este tema.
Aunque en aquella ocasión empleamos el término “híbrido” para denominar el estilo de estas casas, ahora me parece más correcto denominarlo “estilo mixto”, ya que en muchos de los ejemplares existentes casi todos sus elementos fundamentales -arcos en los vanos, cartelas en los pretiles, esquinas redondeadas, etc.- tienen características parecidas a los “edificios sin almenas”, siendo la diferencia más notable, pero no la única, la existencia en sus fachadas de pretiles almenados.
Entramos, pues, en materia mostrando el singular edificio situado haciendo esquina entre las calles Calatrava y Lanza (figura superior). Enseguida puede apreciarse que muestra bastantes elementos típicos de las “casas sin almenas”, pero que ambas fachadas están coronadas por almenas con cartelas, tipo que ya nos es conocido. En las fotografías situadas en la parte inferior se muestran los elementos más singulares situados en los lienzos de las dos fachadas. Así, aparecen vanos con arcos rebajados en ventanas y balcones; una falsa ventana en el piso bajo y un falso balcón en el alto; la esquina redondeada entre las calles Calatrava y Lanza; e incluso en las cubiertas de los cierros del piso alto aparece la curvatura típica del arco rebajado para armonizarlos con los contornos de los vanos que los rodean. Recordemos que este último detalle también aparecía en otros edificios sin almenas (como referencia, ver los cierros de la última de las fotografías que corresponde al edificio sin almenas del hotel Roma). El uso del color ocre -tan típico en algunas casas antiguas de San Fernando, sobre todo en las de la huertas- junto al blanco hacen resaltar todos los elementos característicos de tan bello edificio.

Edificio de estilo mixto en la calle Calatrava II (las almenas)

Como puede apreciarse en las fotografías superiores, la casa de la que nos estamos ocupando posee cierta sofisticación en cuanto a su característica de edificio almenado. Así, por un lado, encontramos ocho almenas distribuidas uniformemente sobre los pretiles de las dos fachadas, pero, además, el inmueble posee un cuerpo interior con almenas de un estilo distinto (ver tercera de las fotografía superiores), que imprime verticalidad a la construcción en uno de los extremos de la fachada de la calle Calatrava. Las novedades en el diseño no acaban aquí, ya que el edificio está adornado con una singular almena esquinera, proyectada para adaptarse a la forma redondeada de la esquina (ver fotografías superiores).
La tipología predominante ya nos es conocida –a modo de comparación puede verse la segunda de las fotografías inferiores-, y corresponde a la que hemos denominado “almenas con cartelas”: los pilares no son lisos sino que están adornados con cartelas de contornos curvilíneos. Como se observa en la fotografía citada, se sigue la costumbre del uso de dos colores diferentes para resaltar la existencia de las cartelas. En el caso que nos ocupa, los pilares de las almenas son de pequeña talla, pero poseen cornisas formadas por anchas molduras. En todos los casos las almenas culminan con adornos constituidos por copas. El modelo que aquí aparece es muy abundante en La Isla y, probablemente, también de los más antiguos, ya que encontramos copas similares en el edificio que fue sede del Estado Mayor Inglés de 1810 (véase la entrada del 22 de agosto de 2011). Las almenas del cuerpo interior son diferentes, y están constituidas por altos pilares de caras lisas, con cornisas de leve trazado horizontal. Culminan con copas idénticas a las almenas de las fachadas. Respecto al conjunto que constituye la almena esquinera, y dada su novedad, le dedicamos la siguiente entrada.

Edificio de estilo mixto en la calle Calatrava III (la almena esquinera)

Quizás, uno de los aspectos que más me llama la atención en este tipo de edificios de estilo mixto es como se resuelve el problema de dotar de almena a una esquina redondeada. En los casos en que las esquinas están formadas por ángulos más o menos rectos, encontramos abundantes ejemplos donde los antiguos constructores se esforzaron por adornarlas con bellas y esbeltas almenas (esquineras) (ver fotografía inferior). En el caso de las esquinas redondeadas, las personas que diseñaron estos edificios se percataron de que para que el conjunto conservara su estética era obligatorio poner una almena en la esquina. Sin embargo, la geometría imponía una solución deferente a la de los casos de esquinas angulares. Así, como se observa en la fotografía superior, optaron por unir dos almenas por una pieza curva, obteniendo un elemento único que, conservando la uniformidad estética, formara una ancha almena que culminara la esquina curva y la adornara en su parte superior. 
Parece que esta solución se debió generalizar en los edificios con estas características, ya que hemos encontrados dos almenas similares en esquinas de las calles Santo Domingo con Mariana Pineda y Murillo con San Esteban, respectivamente (ver las dos últimas fotografías situadas en la parte inferior).